lunes, 28 de febrero de 2011

La danza del sauce ?


Qué sería de la humanidad sin la posibilidad de retener una imagen o de no poder grabar los sonidos  (Quizá nuestra memoria fotográfica sería más efectiva ¿ ) 

 Henry  Talbot  ( aquel inquieto de la cámara y los aluros de plata) logró imprimir las primeras imágenes  sobre un papel sensible a la luz. Gracias Talbot.
  No sentir aquellas grabaciones del metal  pausado y medio roto, quejumbroso, de Billie Holliday, la pulsación sobre el piano de Monk o el saxo de Parker. Son dos grandes medios que ponen a nuestra disposición poder traer el pasado al presente, restaurarlo constantemente,  dándole cada vez un aire nuevo que nos ayuda a mantenerlo, es soporte de nuestra  necesidad humana de recordar. La magia de la imagen congelada  y la música, junto con nuestro  olfato; ese que nos trae  recuerdos inolvidables a través  de un olor, de una fragancia, nos transporta a esos momentos que nos produce  la sensación de estarlo  reviviendo, de volver a aquel instante.
 Algo  tan  primitivo  como es el olor de esa esencia que subyace, de una imagen recordada, desencadena la parte más animal de nosotros.  Mas allá se extiende la sombra del pasado que ya no es nuestro, sólo en la fotografía el pasado se nos hace presente, lo instantáneo de hace tiempo sucede delante de nuestros ojos hechizados, no es intemporal, es una hora exacta de un día determinado.

Asistimos a un momento en que la imagen, la tiranía de la imagen, desplaza  o casi anula la palabra. Siempre hay una relación fuertemente distante entre  la imagen y su interpretación.
La foto solo capta el instante, el momento entre millones de instantes, la palabra nos transmite la historia que conserva la memoria que mana  de la contemplación de la suma de instantes.
Cientos de fotogramas  unidos transmiten todo un proceso que se desencadena  en nuestro interior, hilo emociones en donde se enlazan las palabras. Un solo instante nos centra en lo inalcanzable, lo inexplicable, de ahí su atracción.
En la observación de una sonrisa adivinamos la alegría pero no su causa.
Cada foto es una estimulación del recuerdo.

8 comentarios:

Rick Forrestal dijo...

Magical photo. The tree is more a dancer than a tree.

Elvira dijo...

Te doy toda la razón, grabar la imagen o el sonido es una maravilla y yo también estoy agradecida a quienes lo hicieron posible.

¡Qué saleroso el sauce, jaja!

Besos

Pilar Vidal Clavería dijo...

Me han gustado tus reflexiones sobre las imágenes y las palabras, una imágen para mi es un tomar prestado, fijar un instante, del que me apropio.

Vivir la magia de las imágenes, de los sonidos, de las olores, juego de sentidos, cuantos regalos que a veces nos pasan desapercibidos.

Un abrazo

Zafferano dijo...

Billie Holliday, buena elección...

Entré buscando helechos y encuentro un sauce bailón. Precioso. Este no parece saber lo que es llorar. Me alegro.

Un beso muy grande

Wersemei dijo...

Es casi real lo que sentimos al admirar una foto antigua. Recordamos hechos, sensaciones y sentimientos y casi, casi que escuchamos la melodía que nos acompañaba en aquellos instantes perdidos en el tiempo.
En un futuro recordaremos lo que estamos viviendo en estos momentos.
Que sea para bien.
Un beso amigo Marce.

enric batiste dijo...

Decía una filósofa y fotógrafa:
el sepia de las fotos, los instantes
es el color fugaz de la memoria...

apertas

Salomé Guadalupe Ingelmo dijo...

Y a veces, aunque en efecto sirvan para volver la vista atrás, estimulan también para echar a andar hacia el futuro. Bellísima entrada. Abrazos.

Anónimo dijo...

La foto es preciosa, como tu sugerente visión del sauce danzando en vez de llorando, pero esta vez por lo que me quito el sombrero es por su texto, caballero.
Buenas noches, Marce!
M.C.